Encuentro con editoriales: Wonder Ponder

Editorial independiente ubicada en Madrid, dedicada a hacer libros infantiles. Lo hace huyendo de la generalidad pues esta editorial está especializada en literatura y filosofía o filosofía visual para los lectores más pequeños. En esta entrevista conversamos con Raquel Martínez, su editora, quien además de hablar sobre su propuesta editorial, comparte algunas experiencias de lectura.

¿Nos podrías contar un poco sobre el origen de la editorial?

Fundamos Wonder Ponder en 2014: Ellen Duthie, filósofa y escritora; Daniela Martagón, ilustradora y diseñadora; y yo, que soy editora. Ese año, en noviembre, publicamos nuestro primer libro, Mundo cruel, una invitación a mirar, leer, jugar y reflexionar sobre varias escenas relacionadas con la crueldad. Pero nació, en realidad, un poco antes, con Filosofía a la de tres, un proyecto de Ellen donde hacía filosofía con los niños y niñas de preescolar de un colegio público de Madrid. Allí, entre sesiones que trataban temas como la justicia y la belleza, se dio cuenta de que había un interés en ese tema tan complejo, la crueldad. Ellen le pidió a Daniela una serie de ilustraciones para poder hablarlo desde distintas perspectivas y el resultado en la clase fue fantástico. Cuando me lo enseñaron a mí (ya éramos amigas) me entusiasmé. Y así nació Wonder Ponder. 

¿A qué responde el nombre de la editorial?

Wonder significa «sorprenderse, asombrarse», y Ponder «reflexionar, pararse a pensar sobre aquello que te ha sorprendido». Pensamos que refleja bastante bien el espíritu juguetón con el que creamos los libros y con el que nos gustaría que se recibieran. También nos parecía un nombre bien sonoro. 

Literatura y filosofía para niños es lo que define a la editorial ¿cómo introducen la filosofía en los libros infantiles?

Hay muchas maneras de crear una literatura «filosófica», y se dice que, de alguna manera, toda buena literatura lo es, porque te lleva a hacerte buenas preguntas, porque te invita a ver el mundo con sus múltiples capas y matices y grises. En nuestro caso, en la colección de filosofía visual para todas las edades, es en la imagen donde ponemos la intención filosófica. Concebimos imágenes que generen preguntas en las personas que las observan. Imágenes «provoca preguntas» donde hay una situación curiosa, enigmática, humorística, exagerada… Y luego ponemos algunas preguntas detrás de cada escena. Esas preguntas, desordenadas y colocadas en todas las direcciones, y la ausencia de respuestas, también son ya una buena invitación a la reflexión filosófica. Como lo son las breves (y únicas) instrucciones del lomo de la caja: «Abre, mira, piensa», a modo de frontispicio. Por otro lado, hace poco hemos decidido renombrar la colección de filosofía visual. En lugar de «filosofía visual para niños» ahora se llama «filosofía visual para todas las edades». Esta denominación respondía mejor al proceso de creación de los libros, donde involucramos a personas de diferentes edades, adultos incluidos, y también a la recepción que han tenido. 

¿Cuáles son las colecciones más importantes de la editorial?, ¿puedes presentarlas a nuestra comunidad?

Eso es muy fácil, porque son solo dos. Wonder Ponder. Filosofía visual para todas las edades, una colección de (por ahora) cuatro libros-caja que abordan temas clásicos de la filosofía (la crueldad, la identidad, la libertad y la realidad) a partir de una serie de imágenes con escenas y situaciones curiosas, divertidas y que invitan a reflexionar y dialogar. Los títulos son Mundo cruel, Yo, persona, Lo que tú quieras y ¡Pellízcame! Y Wonder Ponder mini. Libros para pararse a mirar, dirigida a la primera infancia, que por ahora cuenta con dos títulos en cartoné, Niño, huevo, perro, hueso y Niña, gato, agua, pato, que juegan con el lenguaje y con la imagen para convocar trabaojos, onomatopeyas, diferencias y comparaciones de una manera muy divertida. Hasta ahora los seis títulos tienen como autoras a Ellen Duthie y Daniela Martagón, las socias fundadoras, pero ahora estamos creando libros con otras personas también, y para unas slow-publishers como nosotras está siendo un proceso de lo más interesante. 

La editorial además ha impulsado Wonder Ponder Academy, una escuela online de filosofía, literatura, arte e infancia ¿Cómo se desarrolla este espacio?

Wonder Ponder Academy, que nació muy oportunamente en enero de 2020, poco antes de la pandemia, es una continuación natural del proyecto Wonder Ponder, sustentado desde el principio sobre tres patas: la edición, la investigación y la formación. Tiene que ver también con el Curso Internacional de Filosofía, Literatura, Arte e Infancia (FLAI), que codirigimos en la ciudad de Albarracín junto a la Fundación Santa María de Albarracín, y que explora una pregunta sobre la infancia a partir de las visiones de cuatro especialistas de estas áreas. Los primeros cursos que hemos creado, impartidos ambos por Ellen Duthie, son Mirar, leer y pensar, una exploración de la Filosofía visual para todas las edades desde la perspectiva de los centros educativos, las bibliotecas, etcétera. Y luego el curso Resucitar preguntas muertas. El arte de hacer y generar buenas preguntas, que ha tenido una excelente acogida por parte de personas de muchísimos y muy variados ámbitos: psicología, educación, creación, teatro, trabajo social… 

¿Cuáles son las mayores satisfacciones que les ha dejado la publicación de sus libros?

La posibilidad de encontrar un espacio estable entre las miles de novedades del mercado editorial infantil para una propuesta innovadora y retadora como la nuestra. La recepción entusiasta y cómplice por parte de tantas personas de todas las edades y procedencias (geográficas y profesionales) que se han visto intrigadas, interpeladas, estimuladas, y han decidido jugar y pensar y disfrutar con los libros. Personas que han aceptado nuestra invitación a tomar el proyecto y convertirlo en algo propio con alegría y mucha chispa. Como un colegio de Madrid, que ha creado su propio libro-caja sobre el tema del género, o como todos esos lectores y lectoras infantiles y adultos que nos mandan sus escenas propias dibujadas para invitar a otras personas a pensar. 

Si bien una editorial apuesta por todos sus libros ¿cuál sería uno de los títulos más emblemáticos y que recomendarían a ojo cerrado a nuestra comunidad?

Mundo cruel, nuestro primer título, es una manera perfecta de zambullirse sin preámbulos en el universo Wonder Ponder. Aunque, por nuestra experiencia, después de Mundo cruel sobreviene el deseo irrefrenable de tener todos los demás. Si es para personas de 0 a 5, entonces cierro el ojo y apuesto por Niño, huevo, perro, hueso, un libro redondo como un reloj, muy sorprendente también para mayores juguetones.  

¿Se relacionan con los lectores a través de las redes sociales?, ¿cómo es la interacción?

Desde el principio hemos entablado una relación muy cercana con los lectores y lectoras de Wonder Ponder a través de las redes. Publicamos muchos contenidos gratuitos como artículos teóricos en el blog, descargables temáticos para pensar sobre la escuela, sobre la muerte o sobre la Navidad. Y muchas personas nos cuentan sus experiencias de lectura, tanto individual como en grupo. A veces también empleamos las redes para dar a conocer iniciativas de participación colectiva. Durante el periodo del confinamiento más estricto, por ejemplo, propusimos que niñas y niños de todo el mundo se auto-entrevistaran sobre su situación, que nos contaran cómo lo estaban llevando en el proyecto Me pregunto. Auto-entrevistas desde el confinamiento, que acabó siendo una web que recogía sus voces, dibujos, textos sobre cómo se sentían en ese momento, lo que pensaban, las preguntas que se hacían. 

¿Qué novedades podrá esperar el público lector en los meses que vienen?, ¿Alguna sorpresa?

Vamos despacio, pero estamos preparando varios libros muy interesantes. Por ejemplo, una exploración en forma de preguntas -esta vez sí, ¡con respuestas!- sobre la muerte. También está previsto el quinto título de la colección de filosofía visual para todas las edades, que abordará el espinoso pero fascinante tema de la democracia, de la filosofía política. Tenemos alguna novedad dirigida a público adulto y también nuestro primer proyecto de ficción (con componente filosófico) para personas que están en edad de aprender a leer.

El editor es un gran lector

Raquel Martínez, Editora de Wonder Ponder

¿Cuál es tu relación personal con la lectura?

De niña vivía la lectura como una especie de revelación generosa que esas personas, los escritores y escritoras, te hacían. El mundo adulto resultaba de lo más enigmático y opaco para mí, pero estas personas venían y te dejaban asomarte a su cabeza y observar tranquilamente lo que yo pensaba entonces que eran sus pensamientos. Probablemente esta imagen tiene mucho que ver con la lectura temprana de Peter Pan, y esa inquietante escena en la que la madre ordena los pensamientos de Wendy y sus hermanos por las noches, mientras duermen, pero yo estaba de lo más agradecida porque Christine Nöstlinger, Michael Ende, Angela Sommer-Bodenburg, Roal Dahl y tantos otros «se dejaran» escudriñar. Miraba la biblioteca de lecturas adultas de mi casa como una especie de montaña de la felicidad de la que me encargaría a su debido tiempo. De adulta pasé un bache lector que, curiosamente o no, coincidió con mis primeras experiencias editoriales, cuando la lectura se convirtió en una obligación, un trabajo constante. Por suerte ese bache ya es historia y vuelvo a ser muy capaz de enzarzarme con autores y autoras generosos que me dejan mirar dentro de su cabeza. 

¿Cuál ha sido tu mayor descubrimiento literario como lector?

En mi infancia, me moría por cuanta literatura sobre brujas, vampiros y fantasmas y cosas sobrenaturales caía en mis manos, especialmente El manual de la bruja, de Malcolm Bird, y Matilda, de Roal Dahl. En la adolescencia, me desmayé con Bradbury, con Lovecraft y, por ejemplo, con Buenos días, tristeza, de Françoise Sagan y Pedro Páramo, de Juan Rulfo. A los veinte me dio duro con la literatura inglesa del siglo XVIII y si me preguntabas, te habría dicho que La vida y opiniones del caballero Tristram Shandy, de Laurence Sterne, era mi novela favorita. Los treinta me trajeron la mirada implacable de Vivian Gordnick y su Apegos feroces. En esta época descubrí también los libros de William Steig y de Astrid Lindgren, que no leí de niña, y que  disfruté de lo lindo. Y llego a los últimos tiempos. Recientemente me he leído Las malas, de Camila Sosa y El consentimiento, de Vanessa Springora. Los dos me han impresionado. 

¿Gracias a qué libros o autores decidiste incursionar en la edición?

Más que un libro o un autor concreto, tiene que ver con el momento en que descubrí que existía el oficio de editar. Siempre había sido consciente de que existían los autores, las editoriales e incluso identificaba cuáles eran las colecciones que más feliz me hacían, las buscaba en la librería: desde la colección amarilla y morada de Alfaguara, o la de Barco de Vapor en mi infancia, a la de Fábula, de Tusquets, con su marco de cuadritos blancos y negros, o los amarilloclaritos de Anagrama, o los clásicos de Alianza o Austral, que en mi casa había a montones. Pero no sabía yo -no había nadie a mi alrededor con esa profesión- que detrás de eso había unas personas que leían, elegían, revisaban, corregían, iban a ferias, maldecían o celebraban en torno a los libros. No recuerdo en qué momento exacto lo descubrí pero sí recuerdo haber sentido una curiosidad y una atracción inmediatas por el asunto. 

¿Qué libros o autores ya publicados te hubiese gustado editar?

Haber estado en el lugar de Michi Strausberg en los años ochenta en Alfaguara. Poder escoger lo mejor de lo mejor de todos los países porque el campo estaba abierto, habría sido toda una aventura. 

¿Por qué creer en los libros y en la edición hoy en día?

No veo a mi alrededor ninguna razón para no creer en los libros y la edición.

Conoce más sobre esta editorial en su página de Babelio.

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Autor: Nico Rose Babelio

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